Ensayos

CÉSAR RUBIO EN EL GESTICULADOR

Steve

hace 3 años

Tiempo de lectura: 5 minutos

CÉSAR RUBIO EN EL GESTICULADOR

Cota Moreno Ana Sofía

3,462 ppm.

 

En este trabajo se observará “el enfrentamiento entre el hombre y el poder, entre el hombre y la conciencia de su propia existencia” que se menciona en el prólogo[1], situándose en el personaje de César Rubio. El Gesticulador: Pieza para demagogos, en tres actos es el retrato de una sociedad posrevolucionaria que tras la guerra busca que los acontecimientos vividos tengan sentido, una de las obras teatrales más representativas del teatro mexicano, escrita por el poeta, dramaturgo y diplomático Rodolfo Usigli en 1938.

La Revolución mexicana fue la primera de las revoluciones en América Latina, conocida por ser un movimiento armado que inició en 1910 con la intención de finalizar la dictadura de Porfirio Díaz, pero que se extendió a pesar de la renuncia y exilio del mismo. El estudioso Enrique Anderson Imbert señala que los revolucionarios tomaron las armas por motivos y peripecias personales; hay inercia, más no ideales. La Revolución mexicana fue una guerra de pobres y desamparados contra pobres y desamparados, en la que muy pocos salieron «gananciosos» y muchísimos acabaron de «perdidosos» (Mata, 2010).

Usigli es considerado uno de los creadores literarios de la conciencia identitaria mexicana. La identidad refiere a la construcción del sujeto en lo social, no es algo dado o fijo, sino la suma de características sociales, psicológicas y culturales (Toledo, 2012). En El Gesticulador se construye el conflicto familiar, el conflicto político y la mentira, César Rubioque es padre y profesor de historia de la revolución se regresa con su familia a su pueblo natal para tratar de incursionar en la política por medio del chantaje, ya que no hay un solo hombre en México que sepa todo lo que él sabe de la revolución (Usigli, 1938). Sin embargo, tanto su esposa, Elena, e hijo, Miguel, no aceptan esta disposición, la primera por miedo a perderle y el segundo porque eso le haría ser un deshonesto y mentiroso.

La llegada de Bolton, un extranjero que viene a México a investigar dos casos que él considera extraordinarios el de Ambrose Bierce y César Rubio[2] marca el inicio de la identidad trastornada de César. «La historia no es más que un sueño. Los que la hicieron soñaron cosas que no se realizaron; los que la estudian sueñan con cosas pasadas; los que la enseñan sueñan que poseen la verdad y que la entregan» (Usigli, 1938), le dice César a Bolton y se dispone de tal manera a contarle la suerte del general Rubio, que bien conoce, pero moldeándola al deseo personal de Bolton, del ideal imaginario de cómo debería de ser el héroe revolucionario, para terminar, insinuándole que el general es él mismo.

Mediante un artículo realizado por el extranjero, la sociedad mexicana se entera de que César Rubio vive, brindándole esperanza a un pueblo que tras la guerra estaba desolado. Ello le abrió las puertas para luchar por la candidatura gubernamental del Estado contra Navarro, un revolucionario que conoció a César Rubio, mismo que mató a Solís y a Rubio, ascendiendo a coronel por estos crímenes.

 

La identidad de César se trastorna por todos estos acontecimientos, se ve influenciado por la sociedad que le empuja a ser el héroe revolucionario, los otros y su entorno se convirtieron de suma vitalidad para su construcción. Y cuando en un principio su identidad estaba ligada a este campo semántico de pobreza, historiador y apariencias, su familia perturbaba su consciencia, Elena en el segundo acto le dice a César:

¿Por qué sientes y obras como si hubieras cometido una falta y un crimen? […] Me acusas de espiarte, de odiarte… huyes de nosotros diariamente… y en el fondo, eres tú el que te espías, despierto a todas horas; eres tú el que empiezas a odiarnos… es como cuando alguien se vuelve loco, ¿no ves?

Pero esto pronto cambia, “ya no hay mentira dice César fue necesaria al principio, para que de ella saliera la verdad. Pero ya me he vuelto verdadero (Usigli, 1938). No hay mentira ni remordimiento, porque genuinamente él pasa a ser César Rubio, sin embargo, desde mi perspectiva no es que abandone su identidad como César Rubio, sino que se reconoce como ambos. Lo que en un principio le perturbaba fue desvanecido, mientras que las aflicciones de su esposa permanecen.

Elena posee a César, si bien a lo largo de la obra algunas veces toma la función de su conciencia, ella constantemente teme perderle y no sólo es el temor de que muera per se, sino la soledad propia y el trastorno de César, dice:

Tendrá tanta ropa que no podrá sentir cariño ya por ninguna prenda… y yo no tendré ya que remendar, que mantener vivas sus camisas ni que quitar las manchas de su traje. De un modo o de otro, será como si me lo hubieran matado. Y yo quiero que viva (Usigli, 1938).

A ella no le importa ser pobre si es junto con su esposo, ya que esa fue la vida que desde un inicio se le presentó y aceptó. Al saber la mentira que construyó para Bolton, ella ya insinúa lo que pasará más adelante: “Acabarías por creerte un héroe” (Usigli, 1938), le dice. Cosa que pasó y ella teme: pensaba en la noche que el hombre a quien yo quise ha desaparecido, y que hay otro hombre, formándose apenas, a quien yo no quiero todavía (Usigli, 1938). La identidad se refleja en lo que ha sido, en este caso César, y de lo que desea ser. César al creerse el general Rubio, toma su propio deseo de involucrarse en la política y retoma el que él piensa que fue el deseo de César Rubio: ganar el plebiscito, ser gobernador y tal vez presidente (Usigli, 1938).

La palabra “gesticulador” hace referencia a quien gesticula. Desde el título dado por el dramaturgo hace alusión a dos cosas: al actor que hace gestos y, en el contexto de la obra, al actor que exagera los mismos para ganarse el apoyo de un público. Si se observa con atención el subtítulo de la obra, “Pieza para demagogo”, se resuelve que la palabra demagogia viene del griego y significa “guiar o conducir al pueblo” (Mora, 2021). Si se siguiera la lectura de la obra teniendo en cuenta el concepto de “demagogia”, Navarro podría observarse como el gran gesticulador de la obra, pero no el único. Ante el asesinato de César (planeado por él mismo) se dirige a una multitud consternada y la manipula para que él quede beneficiado:

Aunque hay pruebas de que el asesino fue un católico, no falta quien se atreva a acusarme […]. Estoy dispuesto a defenderme ante los tribunales y a renunciar a mi candidatura hasta que se pruebe mi inocencia […]. Pero si soy electo, haré de la memoria de César Rubio […] la más venerada de todas (Usigli, 1938).

Si bien la palabra demagogia no tiene que ser plenamente negativa, con los sistemas democráticos esta adquiere en griego clásico un valor negativo, el verbo ἄγω que en un principio (según lo dicho en este texto) era guiar o conducir, pasa a ser el movimiento de arreo que impulsa por detrás. «Así encontramos ya en Andócines, en el siglo V a.C. la afirmación: “palabras de demagogo son actos de tirano”» (Helena, 2021).

No se debe de olvidar que en la obra todos son gesticuladores, César sin la necesidad de decir explícitamente que es César Rubio convence a cada uno de los participantes de la obra, con la excepción de Navarro que vio crecer al verdadero. Manipula a su círculo para que lo incrusten en su memoria y que el recuerdo ya preestablecido del general Rubio se transforme en su imagen. Es tan buen gesticulador que todo el primer acto al propio lector le hace creer que es el verdadero, el mismo que calza y viste.

Nueve años después de su publicación, la obra de Usigli fue prohibida debido a la crítica política que hace, desde el primer acto, en voz de Miguel se refiere a los generales de la revolución como desconocedores de la misma a pesar de haber participado activamente en ella y ser, en su mayoría, políticos por esa razón. También, cuando César discute con Navarro y le dice: venías a ofrecerme la universidad regional. Yo siento no poder ofrecértela a ti, que no sabes ni escribir ni sumar (Usigli, 1938). Lo cual no lleva a cuestionar si es en serio que personas como ellos, con falta de conocimiento, son quienes se encargan de guiar a la sociedad posrevolucionaria, además, de que sean estos los hombres a los que se les brinde el título de héroe nacional.

César en ningún momento afirma ser el general Rubio, más bien alude que es ese su origen, es hasta la resolución cuando admite delante de Navarro ser otro. Miguel crítica a su padre por las apariencias, sin embargo, César dice que es una cosa del país, ser gesticuladores hipócritas: asesinos disfrazados de héroes, charlatanes disfrazados de licenciados, demagogos disfrazados de hombres (Usigli, 1938).

Un profesor que nada tiene de mediocre al ascender y ganar poder es asesinado por un hombre que posteriormente se convertirá en gobernador. En una sociedad posrevolucionaria llena de héroes revolucionarios como políticos, donde las formas de ascender dentro de ella es compartir sangre con estos héroes, como es el caso de Guzmán, ser uno de ellos o bien, recurrir al chantaje, César se abre paso como un mentiroso en esta red política, y sociedad que lo acepta sin rechistar. Nos presentan al general Rubio como el hombre que explica la revolución mexicana, “es el único caudillo que no es político, ni un simple militarista, ni una fuerza ciega de la naturaleza… y sin embargo manda a los políticos, somete a los bandidos” (Usigli, 1938). ¿No es acaso esta visión idealista? Es Bolton quien dice estas palabras, refiriéndose a un hombre que se levantó en armas de 1908 a 1914, año de su desaparición. Definitivamente no conocemos la verdad del general y héroe nacional César Rubio, es un personaje fantasma en toda la obra.

De la misma manera, algunos críticos podrán señalar que la ambición de César es la razón de su muerte. Yo cuestiono: ¿De qué ambición hablan? ¿Es acaso la del poder? Porque si habláramos de poder, fácilmente se podría haber quedado complacido con lo que le ofrecía Navarro. ¿Es acaso la del dinero? En un inicio estaba necesitado, pero eso era lo de menos. Considero que la ambición que lo lleva a la muerte es la del cambio.

 

Referencias

Helena, Demagogia, Chile, Etimología de Demagogia, 2021.

Mata, Oscar, La novela de la Revolución, México, Casa del tiempo, 2010, pág. 32.

Mora, Héctor, Demagogia, Chile, Etimología de Demagogia, 2021.

Toledo, María, “Sobre la identidad” en Sobre la construcción identitaria, Chile, Atenea, 2012, pág. 46.

Usigli, Rodolfo, El Gesticulador: Pieza para demagogos, en tres actos, España, Titivillus, 1938, págs. 7-101.

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