Del gusto por la literatura de terror
Steve
hace 2 años
Tiempo de lectura: 7 minutos
Alumno: Rodolfo Pineda Bernal
LA inicial: 328
LA final: 216,000
Como lector
y escritor me propongo, en este ensayo, rastrear las huellas de los orígenes de
la literatura de terror y de mi gusto, personal y subjetivo, por el género de
terror para, de manera argumentada, mostrar una posibilidad objetiva y
universal del gusto por la literatura de monstruos, así como algunos
componentes y las posibles razones por las cuales la literatura de terror es,
sin lugar a dudas, una de las más buscadas por todo tipo de lectores en el
mundo.
Empezaré
por el asunto del gusto. Siempre que hable del gusto, a no ser que me refiera al
sentido del gusto, estaré refiriéndome a un asunto estético. La estética, como
afirman Kanty Hegel, es un problema que tiene que ver con la subjetividad, es
decir, con un sunto de gusto personal, pero en asuntos de estética la tarea
consiste en plantear, aquello que comienza siendo subjetivo de manera objetiva
y volver lo personal en un asunto universal.
¿Qué es lo
que hace que los niños, adolescentes y adultos de todas las edades elijan, entre
sus lecturas, al género del terror? Antes de responder esta pregunta es
importante señalar mi postura donde los relatos de terror como los mitos, las
leyendas y la mejor literatura de ficción, antes de ser literatura tienen un
origen oral. En este punto hay que subrayar que, antes de ser lectores somos
oyentes de historias de terror. Escuchamos, en la infancia o en la
adolescencia, relatos de terror que nos ha contado alguien que, a su vez, cuando
fue niño y adolescente, tuvo el mismo gusto por los relatos de terror. En este
punto, mi conclusión, es que el gusto por el terror nos viene, de manera
personal, es decir, subjetiva, a través de la relación que en nuestra infancia
y/o adolescencia tenemos con las historias de terror.
Pero el
gusto estético, es decir, universal, por el género de terror es, desde mi perspectiva,
algo que heredamos y aprendemos de tiempos ancestrales, fundacionales y que, por
ende, ha formado parte de las raíces culturales, sociales y familiares del
mundo en el cual nos hemos desarrollado como individuos. Pero esto lo
demostraré más adelante. Por ahora basta con decir que después de ser oyentes
de historias de terror, si en algún punto de nuestra vida dejamos de ser
analfabetas, nos convertimos en lectores y, en este punto cabe la posibilidad
de que, en algún punto de nuestra vida nos convirtamos en contadores o
escritores que gustan, además de la escucha y la lectura, de la escritura de
historias de terror.
En este
punto le pido al lector que haga el ejercicio de recordar, en su propia experiencia
de vida, si alguna vez sintió atracción –gusto- por las historias de terror.
Cierre los ojos y revisite en su memoria la escena exacta. Ponga especial
atención en los personajes de esas historias de terror que, en su niñez y/o
adolescencia alguien le contó. Ahora trate de responder para usted mismo estas
preguntas. ¿Qué tipo de personajes aparecían en estas historias? ¿Con qué
nombres llegan a su memoria?